La degradación de los balcones se debe principalmente a fenómenos relacionados, directa o indirectamente, con los agentes atmosféricos y el drenaje de las aguas pluviales. El agua de lluvia afecta negativamente a cada uno de los elementos que componen los balcones (frentes, pavimentos, intradós, barandillas), provocando distintos tipos de deterioro: hinchamientos, fisuras, desprendimientos que dejan al descubierto la capa estructural subyacente, exposición de las armaduras e incluso la expulsión del propio recubrimiento. En todos estos casos, son necesarias intervenciones de rehabilitación específicas y diferenciadas. La degradación puede ralentizarse, e incluso prevenirse, mediante el uso de ciertos dispositivos y medidas técnicas específicas, tanto en la fase de construcción como en una eventual rehabilitación: dimensionado y colocación de cubremuros y goterones, elementos de drenaje, pendientes adecuadas, láminas impermeabilizantes para garantizar el correcto flujo del agua, presencia de juntas de dilatación y sellados elásticos para absorber tensiones derivadas de variaciones dimensionales, asentamientos estructurales, ciclos de congelación y descongelación, entre otros factores.
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