En cualquier obra de construcción, los muros en contacto con el terreno deben resistir eficazmente la presión hidráulica (tanto permanente como ocasional) del agua y protegerse de la humedad presente en el suelo, ya sea constante o temporal (por ejemplo, debido a excavaciones o trabajos de construcción que alteran el equilibrio hidrogeológico del terreno). Para proteger e impermeabilizar los muros enterrados, es necesario aplicar ciclos de intervención específicos. La impermeabilización contra la humedad por presión negativa (o contrapresión) se aplica en las superficies del lado opuesto a la infiltración, donde el agua tiende a desprender la capa impermeabilizante del sustrato. Entre los casos típicos de aplicación de este tipo de intervención se encuentran los muros (internos o externos) de locales subterráneos, estructuras de contención y cimentación, fosos de ascensor y galerías de servicio. Por otro lado, la impermeabilización contra la humedad por presión positiva consiste en tratar las superficies expuestas directamente a la infiltración, contrarrestando la presión hidráulica, garantizando la contención del agua y la estanqueidad del muro, y protegiendo la estructura del deterioro causado por la presión del agua, los esfuerzos mecánicos y los agentes atmosféricos. Ejemplos de aplicación de este tipo de impermeabilización incluyen estructuras destinadas a la contención de agua, incluso potable, como estanques, fuentes, canalizaciones, conductos, depósitos y piscinas.
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